Monday, March 07, 2011

Denise Dresser, Entre monstruos

7 Mar. 11

"Alien" vs. "Depredador". Emilio Azcárraga vs. Carlos Slim. Televisa vs. Telmex/Telcel. Feudo vs. feudo. Monopolio de facto vs. monopolio de facto. Los otrora amigos y aliados convertidos en enemigos y adversarios. Diciendo que están a favor de la competencia cuando sólo la quieren en sectores donde no dominan. Argumentando que están a favor de los consumidores cuando en realidad sólo están buscando maneras de exprimirlos mejor. Exigiendo mejor regulación gubernamental pero aplicada exclusivamente a los demás. Peléandose -supuestamente- en aras de la convergencia tecnológica y la modernización cuando en realidad sólo buscan asegurar su pedazo del pastel. Mantener su porción desmedida del mercado y todos los beneficios económicos que conlleva. Apuntalar su posición hegemónica y todas las prácticas anticompetitivas que entraña. Dos monstruos engendrados por el propio Estado mexicano, que ahora nadie quiere o puede controlar.

Dos monstruos creados por la forma en la cual el gobierno mexicano le regaló el espectro a Televisa y protegió de la competencia a Telmex, desde su privatización. Dos monstruos concebidos por gobiernos cómplices o coludidos o débiles o doblegados. Dos anormalidades producto de prácticas abusivas que tanto jueces como reguladores han estado dispuestos a tolerar. Dos engendros ante los cuales la clase política -una y otra vez- se ha rendido. Ambos, dañinos para el país que asuelan, para los consumidores que expolian, para la competencia que coartan, para el crecimiento económico acelerado que inhiben. Ambos, acusándose de las peores prácticas en las que los dos conglomerados incurren. Ambos, un peligro para la seguridad nacional por el 6 por ciento del PIB que Carlos Slim representa y el chantaje a Los Pinos y al Poder Legislativo que Televisa lleva a cabo.

Telmex controlando el 80 por ciento de la telefonía fija, y Telcel el 76 por ciento de la telefonía celular, mientras insiste que el terreno de juego para la competencia es parejo. Telcel cobrando una tarifa de interconexión de 95 centavos de peso, muy arriba de lo propuesto por la Cofetel y 43.5 por ciento arriba del promedio de países miembros de la OCDE. Telmex pagando publicidad en los periódicos donde argumenta que "continuará reduciendo el precio de sus servicios", cuando sus usuarios saben que siguen siendo increíblemente caros. Televisa sacando leyes a modo y ganando licitaciones de manera cuestionable gracias a las facilidades que el gobierno le provee. Televisa montando operativos judiciales a conveniencia, violando la legislación electoral, vendiendo entrevistas en sus noticieros al político que las pague mejor. Veinticinco cableras cercanas a la televisora acusando a Telmex de bloquear la competencia sana y efectiva, cuando su aliado -Televisa- lo hace también. Ricardo Salinas Pliego declarando que "está harto del monopolio de Telcel", mientras ignora las prácticas irregulares y anticompetitivas que han caracterizado su propia trayectoria empresarial. Depredadores antes coludidos entre sí, ahora destazándose entre sí.

Y una batalla que debería estar enfocada en la innovación, en la mejor manera de competir, en la reducción de costos para pasárselos a los consumidores, se ha centrado en qué oligarca va a recibir una tajada más grande -y en condiciones más favorables- del mercado televisivo y de las telecomunicaciones, valuado en 35 mil millones de dólares. En qué conglomerado anticompetitivo va a seguir usando estrategias depredadoras con mayor éxito. En quién -Carlos Slim o Emilio Azcárraga o Ricardo Salinas Pliego- recibirá el mayor número de favores, el mayor número de concesiones de bienes públicos, la mayor anuencia de la autoridad. La lucha por las tarifas de interconexión o sobre si el señor Slim debe ingresar al mercado de la televisión por cable obscurece temas estructurales y fundamentales sobre las reglas que rigen el funcionamiento de la economía mexicana. Reglas que favorecen al depredador por encima del consumidor; reglas que fortalecen monstruos en vez de contenerlos; reglas que permiten la concentración indebida en lugar de fomentar la competencia indispensable.

Competencia que el gobierno ha evitado impulsar a fondo a pesar de su retórica favorable al respecto. Competencia que debe incluir medidas que a ninguno de los dos monstruos les gustan, como la licitación de nuevas cadenas de televisión, como reformas que obliguen el pago de sanciones multimillonarias por prácticas monopólicas, como tarifas de interconexión que reduzcan las altas tarifas que los ciudadanos de México no tienen más opción que pagar, como sanciones a quienes violen los términos de su concesión, incluyendo la posibilidad de revocarla. Cambios que autoridades titubeantes no han querido promover; modificaciones que un Poder Legislativo capturado se ha rehusado a apoyar; alternativas que jueces y tribunales se han dedicado a obstaculizar. Mientras eso no cambie, el pleito entre magnates sólo va a ilustrar el mensaje promocional de la película Alien vs. Depredador: "Gane quien gane... nosotros perdemos".

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